Windstory #21 - Renovables y entorno rural: dos realidades que pueden ir de la mano
La actitud proactiva de algunos promotores, una buena comunicación y una responsabilidad social bien entendida pueden marcar la diferencia.
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La semana pasada tuve la oportunidad de asistir, invitado por Endesa, a la presentación de la segunda temporada de Conexión a Tierra.
Conexión a Tierra es un videopodcast que tiene como objetivo acercarse al terreno y mostrar, a través de casos reales, cómo se está viviendo la implantación de proyectos renovables en el mundo rural.
Este tipo de colaboraciones siempre despiertan mi curiosidad, porque más allá del discurso general, permiten conocer experiencias concretas y plantearse preguntas que a menudo quedan fuera del foco habitual del sector.
Escuchar directamente a quienes están implicados en estos proyectos, como los vecinos, los promotores o las instituciones locales, ayuda a entender mejor los retos, las expectativas y también las oportunidades que surgen con la integración de las renovables en entornos rurales.
Y, como suele pasar, todo esto me ha llevado a seguir tirando del hilo y a investigar un poco más sobre el tema. Así que, comparto aquí algunas de las ideas y reflexiones que me han surgido a raíz del evento.
🌱 Renovables y entorno rural: dos realidades que pueden ir de la mano
Cuando un desarrollador de energías renovables llega a un entorno rural con un nuevo proyecto, no es raro que la primera reacción sea de cierta desconfianza o incluso rechazo.
Hace 15 o 20 años, cuando estos proyectos eran aún una novedad, muchos se tramitaban sin gran repercusión pública. En parte, porque el nivel de información era menor y la ciudadanía no siempre sabía muy bien qué implicaban estas instalaciones.
Pero el contexto ha cambiado. Hoy en día, prácticamente no hay municipio donde no surjan dudas, inquietudes o incluso oposición. Y en muchos casos, es comprensible. Surgen temores legítimos: a lo desconocido, a un posible cambio en el paisaje, a que se altere la tranquilidad o la forma de vida del lugar.
Esa actitud de “mejor no tocar nada” responde muchas veces a un deseo de preservar lo que se valora del entorno rural. Entender ese punto de partida es clave para que cualquier proceso de diálogo funcione.
Vivimos en una sociedad más polarizada que hace unas décadas, donde a menudo cuesta encontrar matices. La gente se siente más cómoda en posiciones firmes, en blanco o negro, aunque la realidad suele estar en una escala de grises.
Quizá por eso, en los últimos años hemos visto cómo las estrategias de muchos desarrolladores han evolucionado. Y es un cambio positivo.
Cada vez es más habitual que se acerquen a los municipios desde una actitud proactiva y dialogante, no solo en las fases finales del desarrollo, sino desde etapas anteriores. Y no solo con los alcaldes o las autoridades, sino también con asociaciones vecinales, agricultores, ganaderos, empresas, clubes deportivos o cualquier otro actor relevante en la vida del pueblo.
También empieza a ser habitual organizar presentaciones públicas en los propios municipios para explicar los detalles del proyecto, resolver dudas y hablar abiertamente de su impacto. Y, por supuesto, para compartir qué beneficios puede generar para la comunidad local.
Ese ejercicio de transparencia no solo mejora la relación con el territorio, sino que también ayuda a contrarrestar algunos de los mensajes simplificados (y a menudo imprecisos) que circulan en redes sociales o medios de comunicación.
Es normal que estos proyectos generen dudas. Algunas son totalmente comprensibles, y otras son ideas que no siempre se ajustan a la realidad. Contar las cosas con claridad, y hacerlo desde el principio, ayuda a que el debate sea más justo para todos.
🌾 Renovables y agricultura no compiten por el suelo
Uno de los argumentos que más se repite en el debate público es la supuesta competencia entre renovables y agricultura por el uso del suelo. A menudo se plantea que los parques solares están desplazando a cultivos y ganaderías, con consecuencias como la pérdida de soberanía alimentaria o la subida de precios. Una preocupación que conviene poner en contexto.
Los datos muestran una imagen muy distinta. Según un estudio del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, solo el 0,2 % de la superficie agraria útil en España, unas 47.300 hectáreas, está actualmente ocupada por instalaciones fotovoltaicas.
Además, entre 2012 y 2022, el 82 % de las nuevas hectáreas destinadas a parques solares procedían de terrenos de secano, con menor productividad agrícola. Solo el 11 % eran tierras de regadío, y el 7 % superficies forestales o no agrarias. No es casualidad: los desarrolladores suelen apostar por terrenos menos productivos desde el punto de vista agrícola, que además resultan ser más asequibles.
Incluso proyectando un fuerte crecimiento de la fotovoltaica, el uso de suelo agrícola seguiría siendo muy limitado. El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) contempla un objetivo ambicioso: alcanzar 57 GW de potencia fotovoltaica en suelo para 2030. Una meta que no será fácil de alcanzar.
Eso supondría ocupar aproximadamente 114.000 hectáreas de paneles solares (asumiendo 2 ha/MW), lo que equivale a tan solo ~0,5% de los ~24 millones de hectáreas agrarias. Dicho de otro modo: más del 99,5 % del suelo agrícola seguiría disponible para sus usos tradicionales.
Aun así, esto no resta importancia a la necesidad de planificar bien dónde se instalan los proyectos y cómo se relacionan con las actividades rurales existentes.
🦅 Renovables y biodiversidad. Impacto ambiental sí, pero también oportunidades para regenerar
El impacto ambiental es, sin duda, uno de los aspectos más delicados a la hora de implantar proyectos renovables. No se trata de idealizar las instalaciones: todas las formas de generación eléctrica tienen algún tipo de impacto ambiental sobre el territorio.
Pero precisamente por eso, la clave está en optar por tecnologías de menor impacto y, sobre todo, en aplicar medidas que ayuden a reducirlo al mínimo.
En España, todos los proyectos deben superar una Declaración de Impacto Ambiental (DIA) aprobada por la administración competente. Este procedimiento garantiza que se han evaluado los posibles efectos sobre la biodiversidad y que se han establecido medidas para mitigarlos. Cumplir la DIA implica cumplir la ley.
Pero cada vez más desarrolladores deciden ir más allá, aplicando medidas adicionales que no solo reducen el impacto, sino que generan beneficios ambientales directos en la zona.
Porque estos proyectos, además de generar energía, también pueden aportar recursos que antes no estaban en la zona. Y si se aprovechan bien, pueden servir para cuidar y mejorar el entorno.
Por ejemplo, en la planta solar de Puerta Palmas, en Extremadura, más de 10 hectáreas se destinan a la conservación del sisón común, convirtiéndose en la primera reserva de aves esteparias dentro de una planta solar.
⚖️ Las renovables también dejan recursos y crean empleo
Las energías renovables no solo pueden convivir con otras actividades económicas: en muchos casos, pueden complementarlas.
Durante el evento conocimos el caso de unos ganaderos que pastan sus ovejas dentro de una planta fotovoltaica. Lo que se conoce como “pastoreo solar”. El rebaño accede así a pastos de buena calidad, sin pesticidas, mientras ayuda a mantener el terreno limpio de forma natural. Un ejemplo claro de beneficio mutuo.
Hablando con el pastor, nos contaba que al principio era escéptico, pero que este acuerdo le ha facilitado mucho el día a día. Antes tenía que recorrer largas distancias en busca de zonas de pasto, mientras que ahora tiene pasto de calidad asegurado cerca de casa. La leche de esas ovejas se utiliza después para producir lo que han bautizado como “queso solar”.
Otro ejemplo interesante son los apiarios instalados por Endesa en varias de sus plantas fotovoltaicas, donde se produce la conocida “miel solar”. Una miel que, por cierto, me he quedado sin probar por segunda vez… de nuevo por culpa de no poder llevarla en el equipaje de mano ☹️.
Por supuesto, no todos los casos son iguales. Pero cuando los proyectos se diseñan con visión local, pueden generar ingresos adicionales y nuevas oportunidades para quienes viven en el territorio.
💰 Arrendamientos y recaudación fiscal
Además de la posible compatibilidad con otras actividades económicas, los proyectos renovables pueden generar retornos económicos directos para el territorio, tanto por el alquiler del suelo como a través de la vía fiscal.
En el caso de los alquileres, cuando son privados, el ingreso suele quedarse en familias del propio municipio. Y si son terrenos municipales, la renta pasa a engrosar directamente los recursos del ayuntamiento. En ambos casos, los precios de alquiler suelen estar por encima del valor de mercado y, habitualmente, muy por encima también de la rentabilidad agraria del terreno.
Por otro lado, está la cuestión de los impuestos, un tema sobre el que todavía existe bastante desconocimiento. Lo cierto es que una planta renovable puede suponer un ingreso considerable para las arcas municipales, especialmente durante la fase de construcción. En ayuntamientos pequeños, estas cantidades pueden marcar una diferencia real en su capacidad de inversión y prestación de servicios.
Uno de los tributos más relevantes es el ICIO (Impuesto sobre Construcciones, Instalaciones y Obras), conocido popularmente como el “impuesto de obras”. Puede llegar hasta el 4 % del presupuesto total del proyecto.
Si hablamos de inversiones alrededor de 600.000 €/MW en el caso de la solar y 1.200.000 €/MW en el caso de la eólica, un parque de 50 MW puede generar entre 1,2 y 2,4 millones de euros en concepto de ICIO para el ayuntamiento. Eso sí, es un impuesto que se paga una sola vez, al inicio del proyecto.
A eso se suman impuestos recurrentes, como el IBI (Impuesto sobre Bienes Inmuebles) y el IEA (Impuesto sobre Actividades Económicas), que cada año aportan ingresos adicionales para los municipios durante toda la vida útil de la instalación.
Cómo se utilicen esos ingresos es responsabilidad de las administraciones competentes. Otra cuestión es si realmente tienen permiso para invertirlos. Pero eso ya daría para otro capítulo. En cualquier caso, una cosa es recaudar… y otra muy distinta es que ese dinero se traduzca en mejoras reales para el territorio 🙂.
✒️ Conclusiones
Podría seguir profundizando en muchos de estos temas. De hecho, algunos, como el impacto fiscal real de las plantas renovables en los ayuntamientos y arcas públicas, merecen un análisis más detenido, que me reservo para otro momento.
Pero también es verdad que algo está cambiando. Empiezan a verse nuevas formas de plantear los proyectos, de relacionarse con el entorno y de explicar lo que se quiere hacer. Y también más conciencia de que esto no va solo de producir energía, sino de tratar de aportar, en la medida de lo posible, valor real al territorio.
La actitud proactiva de algunos promotores, una buena comunicación y una responsabilidad social bien entendida pueden marcar la diferencia.
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Disclaimer: Las opiniones presentadas en Windletter son mías y no reflejan necesariamente los puntos de vista de mi empleador.











Hola,
Muchas gracias por tu post, muy necesario, Sergio. Me quedo con la frase: “La actitud proactiva de algunos promotores, una buena comunicación y una responsabilidad social bien entendida pueden marcar la diferencia.”
Yo soy un doctorando que trabaja en el sector de la eólica, en análisis de salud estructural (SHM). Además, vivo en un pequeño pueblo de la Comarca de Pamplona, cerca de Etxauri. Concretamente a 500m del “gigante de Ororbia”, sobre el cual ya hiciste un par de posts.
Es indudable que las energías renovables son indispensables para nuestra sociedad, y por ello llevo ya unos años trabajando en el sector. Sin embargo, me parece importante ponerse en el lugar de los vecinos que van a vivir de cerca esta transición energética. En nuestro valle, por ejemplo, se palpa un sentimiento de “ahogamiento”, de estar constantemente inundados por nuevas proposiciones de proyectos y megaproyectos, de eólica y de fotovoltaica (no sé cuántas se recibirán cada año, pero realmente son muchas), pero también de otro tipo de obras como las múltiples líneas de Alta Tensión propuestas (por ejemplo la más reciente, de 400kV, de Forestalia: https://www.diariodenavarra.es/noticias/navarra/2022/11/03/proyectan-linea-alta-tension-atraviesa-32-municipios-navarros-547032-300.html) o el colosal proyecto del TAV, que también nos toca de lleno.
Creo que falta mucha pedagogía, que las empresas se reúnan con los vecinos y nos hablen de tú a tú, nos expliquen el proyecto y nos hagan sentir parte de él. No ha sucedido ni con la Línea de Alta Tensión ni con el TAV. Tampoco sucedió con el “gigante de Ororbia”, que realmente está en terrenos de Orkoien, pero mucho más cerca de Ororbia y de Iza; además, al ser un proyecto experimental, los “controles ambientales” también fueron más livianos. Entiendo por tanto que los vecinos vean a las promotoras de estas obras como colosos que vienen a poner el pie aquí, a sacar el máximo beneficio, y a impactar en el día a día de los que vivimos aquí, todo con cierto obscurantismo. Hay que tener en cuenta además que en muchas localidades la mayoría de los vecinos no tienen tierras y por tanto no recibirán ningún beneficio; y por mucho que defienda la eólica, sé también que la cercanía con estos proyectos devalúan las viviendas.
En resumen, me quedo con la última frase de Sergio. Creo que todos estos proyectos deben llevarse a cabo con tacto, mucha comunicación y respeto con los vecinos, además de con los parajes que les rodean y que habitan cada día.
Me parece que es un debate importante que debemos tener en el sector de la eólica, en lugar de cerrarlo directamente con un “bah, la gente se queja por todo”, que tanto escucho en congresos y conferencias. Esto nos hace un flaco favor, estamos tirando piedras a nuestro propio tejado.
Un saludo y muchas gracias por tu trabajo,
Mikel